"La motivación no es tener ánimos, la motivación es tener motivos" (@yoriento yoriento.com)
Visto en un ejemplo muy práctico, cuando nos levantamos por la mañana parecemos Orcos, malhumorados, cabizbajos...y tras el desayuno o la ducha, todo se pasa y te encuentras con mejor ánimo. ¿Qué significa esto? Que las emociones fluctúan, son cambiantes y varían constantemente.
La motivación no te levanta cada mañana y te dice lo que tienes que hacer, cómo y con quién; no te da la energía que necesitas para salir de la cama y arrancar o ponerte a ello. La motivación no te dicta las pautas ni te ayuda a evitar baches y caídas. La motivación son los motivos que tienes para hacer esto o aquello: da respuesta al para qué: asegurar un etilo de vida, alcanzar un estilo de vida ideal, asegurar el futuro de tus hijos, alcanzar un objetivo deportivo, físico...
Puedes quejarte, desear e incluso envidiar aquello que otros están consiguiendo. Por mucho que lo hagas, no te acercará a ello.
En su lugar, invierte toda esa energía en pasar a la acción. Ese deseo, que en sí mismo significa FUTURO, se irá haciendo realidad en tu presente. Pero un deseo no cambia nada. Pasar a la acción y comprometerte con tu objetivo sí te acercará a ello.
Piensa en un objetivo todos los días y cúmplelo. Por pequeño que sea, si lo haces día a día, empezarás a cultivar el hábito de conseguir lo que te propones.
3,2,1 ¡acción!

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